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JESÚS QUE CURA

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He tenido que pasar otros cinco días en un hospital y agradezco al Señor  el haber experimentado, una vez más su presencia sensible, cercana, en el sufrimiento, más de otros que  en el mío, bien modesto. Y de un modo especial agradezco haber experimentado una vez más la presencia invisible de Jesús en la caridad, la compasión y la ternura de quienes  atienden a los enfermos.  Es muy fácil entrever los rasgos de Jesús que cura en el trabajo de médicos que aplican su ciencia concienzudamente para remediar las enfermedades y tratan con amabilidad a los pacientes. Esos mismos rasgos de Jesús compasivo los descubres en enfermeras y auxiliares que son como madres, en enfermeros que son amigos,  en celadores y personal de limpieza que acompañan su tarea con palabras de aliento y de cercanía.

Comprendes, cada vez mejor, que sólo Jesús puede devolver  a la sociedad entera a una…

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No hay dos iguales

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soldados de terracota
El Papa Francisco, el pasado miércoles, daba su vuelta tradicional por la Plaza de San Pedro durante la Audiencia general. Desde el papamóvil saludaba a una multitud de unos 40 mil fieles.

En un momento dado, un peregrino entusiasta, gritó al Papa “¡Eres único!” y el Santo Padre, con una campechanía y un buen humor excelentes le contestó, señalándole con el dedo: “Tu también eres único, no hay dos iguales a ti”.

Maravillosa realidad que me recordó las muchas veces que el Papa Juan Pablo II mencionó en varios documentos suyos “el carácter único e irrepetible de cada persona humana”,

También recordé el comentario de un cardiocirujano prestigioso que me dijo, hace unos días, “no hay dos corazones iguales”. Si eso ocurre en lo material, cuánto más se da esa variedad entre las personas.

Todos participamos de una naturaleza humana común y todos estamos llamados a ser cabalmente cristianos, es decir santos, en una Iglesia común. Una sola fe, un solo bautismo. un solo Señor. Pero no hemos sido creados en serie, no somos clones. Cada uno tiene su camino dentro del Camino, cada uno tiene sus talentos en lo humano y en lo sobrenatural. Cada uno será juzgado por el Señor conforme a sus obras.

Tenemos que mejorar en la comprensión y en la aceptación de los demás, en la comprensión de la legítima variedad y en el propio control de una tendencia inconfesada que fácilmente lleva a juzgar a los demás con ligereza, a querer imponer nuestros criterios, a pretender “un pensamiento único” que sea el nuestro.

Jorge Salinas

La fe en Cristo y la adhesión a las ideologías

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Yo soy la Verdad, dice Jesús. En la persona de Cristo, Palabra de Dios encarnada,  se encierra toda la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Por eso pienso que en la medida en que la fe en Cristo (la fe cristiana) se hace realidad en la mente, en el corazón y en la vida de una persona, en esa misma medida, disminuye el sometimiento a cualquier ideología, hasta que llega a liberarse de todas por Amor a Dios y al hombre. Basta leer la vida de grandes santos, misioneros, fundadores, mártires. Ideologías activas son hoy el capitalismo sin límite, la técnica sin ética,y la pretendida metafísica de los pueblos y las naciones. Ser, católico de cabeza y corazón, vivir en Cristo, es hoy el mayor grado de libertad y la mejor calidad de vida.

Jorge Salinas

JESÚS QUE CURA

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He tenido que pasar otros cinco días en un hospital y agradezco al Señor  el haber experimentado, una vez más su presencia sensible, cercana, en el sufrimiento, más de otros que  en el mío, bien modesto. Y de un modo especial agradezco haber experimentado una vez más la presencia invisible de Jesús en la caridad, la compasión y la ternura de quienes  atienden a los enfermos.  Es muy fácil entrever los rasgos de Jesús que cura en el trabajo de médicos que aplican su ciencia concienzudamente para remediar las enfermedades y tratan con amabilidad a los pacientes. Esos mismos rasgos de Jesús compasivo los descubres en enfermeras y auxiliares que son como madres, en enfermeros que son amigos,  en celadores y personal de limpieza que acompañan su tarea con palabras de aliento y de cercanía.

Comprendes, cada vez mejor, que sólo Jesús puede devolver  a la sociedad entera a una  condición humana y digna, a una fraternidad que viene de Dios Padre.

Agradezco al Señor haber experimentado la compañía de otros enfermos y la fuerza de los lazos familiares.  He visto mujeres que, olvidando sus propios achaques,  pasan el día acompañando a su marido enfermo; he visto  a mocetones supersanos que llegaban cansados del trabajo para pasar la noche entera con su padre enfermo. 

Dentro de este panorama , también he visto la Cruz de Cristo en personas ancianas que están solas.  Me contaba con pena una auxiliar la reacción de un enfermo viejecito a quien daban el alta. “Fulanito, está de suerte, hoy le dan de alta”. “Hija, preferiría seguir aquí.  En casa vivo solo”.

Ven, Señor Jesús. Tú solo puedes curar los males profundos  del corazón humano.

Jorge Salinas

¿Qué me falta todavía?

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ORACION
Amigo lector, cada vez me aburre más leer cotilleos acerca de la vida eclesiástica en todos los niveles: parroquia, diócesis, Vaticano, etc. Comprenderás que si leer sobre esos temas me resulta aburrido, cuánto más tedioso me resulta todo intento de escribir algo sobre esas cuestiones.
Sí, en cambio, te propondré con gusto un simple ejercicio espiritual, que consta de dos pasos.
El primero, recógete por unos instantes y hazte esta pregunta: ¿Qué grado de felicidad tengo aquí en la tierra? En una escala de 0 a 10 califica con un número tu nivel de felicidad íntima, es decir, ponte un nota.
(Estoy comprobando que la mayoría de los más jóvenes se ponen un 5 ó un 6).
El segundo paso viene ahora. Vuelte a recogerte y dirige tu mirada hacia Jesús (presente en un Sagrario, quizá representado en un crucifijo, dentro de ti mismo). Pregúntale: Señor, ¿qué me falta para llegar a un 10?
Te encontrarás dentro del Evangelio, en la escena del joven rico, en el Evangelio actualizado y personalizado para tu caso.

Jorge Salinas

Anunciar a Cristo

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Leer bien un documento incluye estudiar las notas a pie de página.  Si procedemos de esta manera con el magisterio del Papa Francisco descubrimos en seguida su continuidad con los Papas anteriores.  Desde el Concilio Vaticano II hay una línea de fondo permanente, cada vez más clara,  más explícita y , a la vez, inclusiva e integradora de aspectos anteriormente dispersos.

Me he fijado hoy en el n. 110 de la Exhortación Evangelii Gaudium:  110. Después de tomar en cuenta algunos desafíos de la realidad actual, quiero recordar ahora la tarea que nos apremia en cualquier época y lugar, porque no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor», y sin que exista un «primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización».[77] Recogiendo las inquietudes de los Obispos asiáticos, Juan Pablo II expresó que, si la Iglesia «debe cumplir su destino providencial, la evangelización, como predicación alegre, paciente y progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Jesucristo, debe ser vuestra prioridad absoluta».[78] Esto vale para todos.

Las citas están tomadas de la Exhortación apostólica Ecclesia in Asia, de Juan Pablo II (año 1999). Y, si nos retrotraemos en el tiempo, estas ideas centrales están en la Evangelii nuntiandi de Pablo VI. Son líneas maestras de actuación que necesitan calar más hondo en la conciencia apostólica de todos los bautizados.  

 El futuro Beato Álvaro del Portillo, en una Carta pastoral de 1991 resumía con pocas palabras la fuente de toda evangelización: Cristo glorioso, con el Padre y con el Espíritu Santo, mora en los que lo aman y desea manifestarse al mundo a través de quienes lo aman. Por eso, si de veras fomentamos en nuestras almas esta chifladura por Dios, necesariamente se revelará a los demás en nuestras vidas y lograremos que otros muchos se acerquen a Él, y lo amen y lo glorifiquen (citado por José Antonio Loarte, en el libro ORAR).

Jorge Salinas