*¿Los planes de Dios o los nuestros?
Marzo 1, 2008 por jsalinas
Hola amigos:
La homilía de Benedicto XVI en el pasado domingo 24 de febrero me ha tocado especialmente. Tener fe en Dios supone “fiarse” de Dios y de sus planes, que no son los nuestros. Son mucho mejores, aunque necesitemos la fe porque no llegamos a entenderlos cabalmente y mucho menos de antemano.
Dios tiene sed de nuestra fe y quiere que encontremos en él la fuente de nuestra auténtica felicidad. Todo creyente corre el peligro de practicar una religiosidad no auténtica, de no buscar en Dios la respuesta a las expectativas más íntimas del corazón, sino de utilizar más bien a Dios como si estuviera al servicio de nuestros deseos y proyectos.
A veces oímos comentarios como éste: “Estoy enfadado con Dios porque no me hace caso”. Normalmente no hay malicia en este comentario que se suele tomar a la buena parte, como manifestación de confianza, de intimidad, con Dios Amigo. Sin embargo, también puede ser manifestación de una fe pueril, mágica o pagana, como las que tenía el mundo antiguo en sus diosecillos pequeños y de factura humana. El propio Santo Padre lo señaló en su homilía:
En la primera lectura vemos al pueblo hebreo que sufre en el desierto por falta de agua y, presa del desaliento como en otras circunstancias, se lamenta y reacciona de modo violento. Llega a rebelarse contra Moisés; llega casi a rebelarse contra Dios. El autor sagrado narra: «Habían tentado al Señor diciendo: “¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?”» (Ex 17, 7). El pueblo exige a Dios que salga al encuentro de sus expectativas y exigencias, más bien que abandonarse confiado en sus manos, y en la prueba pierde la confianza en él. ¡Cuántas veces esto mismo sucede también en nuestra vida! ¡En cuántas circunstancias, más que conformarnos dócilmente a la voluntad divina, quisiéramos que Dios realizara nuestros designios y colmara todas nuestras expectativas! ¡En cuántas ocasiones nuestra fe se muestra frágil, nuestra confianza débil y nuestra religiosidad contaminada por elementos mágicos y meramente terrenos!
El modelo de oración es Cristo en Getsemaní: “Padre si es posible, pase de mí este cáliz sin que lo beba, pero no se haga mi volunatad sino la tuya” (Lc 22, 42). Dios nos autoriza a tener proyectos buenos de todo tipo: familiares, empresariales, apostólicos incluso. Pero, siempre necesitamos anteponer una cláusula que diga, más o menos: “Señor, te pido esto o lo otro, pero siempre que lo quieras Tú; si es para tu Gloria; si es para tu servicio…Si no, a mí tampoco me interesa”.
Un cordial saludo
Jorge Salinas

