Papa Francisco: es sabio pensar en el final

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En su homilía de la misa matutina celebrada en la Casa Santa Marta, el Papa Francisco habló de nuestro fin y del fin del mundo, la “mies” del libro del Apocalipsis. “¿Cómo será mi fin? ¿Cómo me gustaría que el Señor me encontrara cuando me llame? Pensar en esto es sabio y nos ayuda a continuar, hasta el encuentro con Dios, un momento de rendir cuentas pero también de alegría”, dijo el Pontífice.

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La Humanidad Santísima de Cristo

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Para acercarnos a Dios hemos de emprender el camino justo, que es la Humanidad Santísima de Cristo. Por eso, aconsejo siempre la lectura de libros que narran la Pasión del Señor. Esos escritos, llenos de sincera piedad, nos traen a la mente al Hijo de Dios, Hombre como nosotros y Dios verdadero, que ama y que sufre en su carne por la Redención del mundo.

(de Balaguer, Josemaría Escrivá. San Josemaría. Sus libros (Spanish Edition) (Posición en Kindle29089-29091). Rialp. Edición de Kindle).

Seguir a Cristo

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Seguir a Cristo: éste es el secreto. Acompañarle tan de cerca, que vivamos con El, como aquellos primeros doce; tan de cerca, que con El nos identifiquemos. No tardaremos en afirmar, cuando no hayamos puesto obstáculos a la gracia, que nos hemos revestido de Nuestro Señor Jesucristo. Se refleja el Señor en nuestra conducta, como en un espejo. Si el espejo es como debe ser, recogerá el semblante amabilísimo de nuestro Salvador sin desfigurarlo, sin caricaturas: y los demás tendrán la posibilidad de admirarlo, de seguirlo.

(de Balaguer, Josemaría Escrivá. San Josemaría. Sus libros (Spanish Edition) (Posición en Kindle29095-29100). Rialp. Edición de Kindle).

La oración vocal, primera forma de la oración contemplativa

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Catecismo de la Iglesia Católica 2704: La oración vocal es la oración por excelencia de las multitudes por ser exterior y tan plenamente humana. Pero incluso la más interior de las oraciones no podría prescindir de la oración vocal. La oración se hace interior en la medida en que tomamos conciencia de Aquél “a quien hablamos” (Santa Teresa de Jesús, Camino de perfección, 26). Por ello la oración vocal se convierte en una primera forma de oración contemplativa.

El sendero de la oración

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Pensaréis que la vida no es siempre llevadera, que no faltan sinsabores y penas y tristezas. Os contestaré, también con San Pablo, que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni virtudes; ni lo presente, ni lo venidero, ni la fuerza, ni lo que hay de más alto, ni de más profundo, ni otra ninguna criatura, podrá jamás separarnos del amor de Dios, que se funda en Jesucristo Nuestro Señor. Nada nos puede alejar de la caridad de Dios, del Amor, de la relación constante con nuestro Padre.  Recomendar esa unión continua con Dios, ¿no es presentar un ideal, tan sublime, que se revela inasequible para la mayoría de los cristianos? Verdaderamente es alta la meta, pero no inasequible. El sendero, que conduce a la santidad, es sendero de oración; y la oración debe prender poco a poco en el alma, como la pequeña semilla que se convertirá más tarde en árbol frondoso.

(de Balaguer, Josemaría Escrivá. San Josemaría. Sus libros (Spanish Edition) (Posición en Kindle29047-29054). Rialp. Edición de Kindle).

La Misa y el futuro del mundo.

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Sin memoria no se puede proyectar un futuro. Sin identidad definida es difícil llegar a acuerdos entre distintos. Entre cristianos de todo el mundo el punto de encuentro (el punto de llegada en muchos casos) es la celebración de la Eucaristía. Desde sale el Sol hasta el ocaso se hace memoria de Cristo Muerto y Resucitado. Esa memoria se hace presente y por la recepción del Sacramento nos hacemos Cuerpo de Cristo. En cada Misa, vivida con profundidad, adelantamos el futuro: el Retorno glorioso de Cristo y su Reinado universal.

Porqué me gustan los retiros de Emaús y de Effeta

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Dice Jesús en el Evangelio “por sus frutos los conoceréis”. Somos muchos los sacerdotes que vemos cada semana los cambios experimentados en jóvenes y adultos que asisten a los retiros de Emaús (adultos) y Effeta (jóvenes).  Pido para ellos (y para  mí) seguir caminando cada día, cada semana, cada año buscando y encontrando a Jesús en la oración, en la Eucaristía, en la fraternidad, en todo momento.