Juan Pablo II abrió un gran horizonte a la teología y al Magisterio posterior con su Carta Apostólica Mulieris dignitatemMuchos la consideran la Carta magna de la mujer en la Iglesia y en la sociedad. Al declarar el santo Papa polaco en esa Carta que la proclamación de la dignidad de la mujer  pertenece a la integridad del mensaje evangélico sentó las bases para una mayor comprensión de nuestras hermanas.  Con motivo del XXV aniversario de la promulgación de ese acontecimiento, el Papa Francisco recordó una intuición básica de su Predecesor: Dios ha confiado a la mujer nada menos que  la custodia del ser humano; no la custodia de los varones, sino la custodia de la condición humana, la humanidad, tanto en los hombres como en las mujeres.
 Esa tarea para la que está especialmente dotada no se reduce a la simple capacidad fisiológica de transmitir la vida; es mucho más y en todos los órdenes de la vida. En palabras del Papa Francisco,  esto no es solo un simple hecho biológico, sino que comporta una gran cantidad de implicaciones tanto para la propia mujer, por su forma de ser, como en su relación respecto a la vida humana y la vida en general. Llamando a la mujer a la maternidad, Dios le ha confiado de manera muy especial el ser humano”. Juan Pablo II llamaba a esa condición “el genio femenino”.
Reducir el papel de la mujer a la sola función social de la maternidad, en su sentido meramente fisiológico, cerrándole otras posibilidades, es vulnerar su vocación más profunda y amplia, porque tal reduccionismo aparta a la mujer con todo su potencial, no la valoriza plenamente en la construcción de la comunidad. Ya sea en ámbito civil, como eclesial. Todos salimos perdiendo, hombres y mujeres; algo nos falta.
Pero también señaló el Papa Francisco: como reacción a esto, hay otro peligro, en la dirección opuesta: el de promover un tipo de liberación que, para ocupar el espacio sustraído al varón, abandona lo femenino que tiene valiosas características. Y aquí me gustaría hacer hincapié en que la mujer tiene una especial sensibilidad por las “cosas de Dios”, en especial para ayudarnos a comprender la misericordia, la ternura y el amor que Dios tiene para nosotros”.
  
Todos saldremos ganando, hombres y mujeres.
J. S.
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