Al recordar la puesta de Sol en Castilla desde Molinoviejo (Segovia).

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Como aquello es una inmensa llanura, se ve el sol ponerse a lo lejos. Cuando ya parece tocar la tierra, es como un incendio: todo el cielo se tiñe de rojo, y el sol de mil colores. Aquello no es más que un efecto óptico, porque el sol no toca realmente la tierra… En cambio, cuando recibimos al Señor en la Eucaristía, que es mucho más que el sol –es el Sol de los soles–, y toca nuestro cuerpo y nuestra alma…, ¡qué maravilla ha de suceder en nosotros! ¡Cómo se encenderá nuestra alma, al contacto con Cristo! ¡Cómo la transformará la gracia!.

Citado en el libro  Recuerdo de Álvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei , de Salvador Bernal

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