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Leer bien un documento incluye estudiar las notas a pie de página.  Si procedemos de esta manera con el magisterio del Papa Francisco descubrimos en seguida su continuidad con los Papas anteriores.  Desde el Concilio Vaticano II hay una línea de fondo permanente, cada vez más clara,  más explícita y , a la vez, inclusiva e integradora de aspectos anteriormente dispersos.

Me he fijado hoy en el n. 110 de la Exhortación Evangelii Gaudium:  110. Después de tomar en cuenta algunos desafíos de la realidad actual, quiero recordar ahora la tarea que nos apremia en cualquier época y lugar, porque no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor», y sin que exista un «primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización».[77] Recogiendo las inquietudes de los Obispos asiáticos, Juan Pablo II expresó que, si la Iglesia «debe cumplir su destino providencial, la evangelización, como predicación alegre, paciente y progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Jesucristo, debe ser vuestra prioridad absoluta».[78] Esto vale para todos.

Las citas están tomadas de la Exhortación apostólica Ecclesia in Asia, de Juan Pablo II (año 1999). Y, si nos retrotraemos en el tiempo, estas ideas centrales están en la Evangelii nuntiandi de Pablo VI. Son líneas maestras de actuación que necesitan calar más hondo en la conciencia apostólica de todos los bautizados.

El futuro Beato Álvaro del Portillo, en una Carta pastoral de 1991 resumía con pocas palabras la fuente de toda evangelización: Cristo glorioso, con el Padre y con el Espíritu Santo, mora en los que lo aman y desea manifestarse al mundo a través de quienes lo aman. Por eso, si de veras fomentamos en nuestras almas esta chifladura por Dios, necesariamente se revelará a los demás en nuestras vidas y lograremos que otros muchos se acerquen a Él, y lo amen y lo glorifiquen (citado por José Antonio Loarte, en el libro ORAR).

Jorge Salinas

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