Una vez más la sangre de los mártires ha sido derramada. El atentado contra los peregrinos cristianos coptos de Egipto ha sido un martirio de hermanos nuestros.

¿Muchos se preguntan quiénes son los coptos? La misma palabra copto quiere decir egipcio en la lengua original de Egipto antes de su arabización lingüística.

Ya en el siglo I el cristianismo se extendió rápidamente por Egipto. Los cristianos egipcios proclaman con orgullo que su país fue el primero que visitó Jesús Niño cuándo tuvo que huir la Sagrada Familia ante la persecución de Herodes. Un motivo omnipresente en la decoración de las iglesias coptas es la cena de la Virgen sentada en un borrico con el Niño en su regazo y José tirando del ronzal.

Los coptos son, pues, una reliquia del Egipto antiguo tanto desde el punto de vista religioso como lingüístico. A pesar de 13 siglos de presión islámica la minoría copta constituye todavía hoy más de un 10% de la población egipcia. Sobreviven también otras comunidades cristianas más reducidas, de ritos y orígenes distintos.

Los coptos viven permanentemente en un estado de ciudadanos de categoría inferior, cómo todas las minorías cristianas en países islámicos. Su existencia es legal, pero con muchas restricciones prácticas como el hecho de que no pueden restaurar las iglesias envejecidas si no es con un permiso especial que se da con cuentagotas.

El Patriarcado de los coptos desde hace unos 1000 años está separado de Roma, pero conservan la fe común, los siete sacramentos y la sucesión apostólica. Pertenecen, por tanto, a la comunión de iglesias ortodoxas. Hay no obstante una minoría dentro de los coptos con un patriarcado propio y que están en plena comunión con Roma y por tanto son católicos coptos.

En el reciente viaje del Papa Francisco a Egipto quedó de manifiesto la nostalgia y la aspiración de que la Iglesia vuelva a la unidad de los primeros 1000 años, con una diversidad de ritos y tradiciones propias. Esa tarea, humanamente difícil, pero querida por Jesucristo, se llama Ecumenismo. Es un objetivo que sólo puede realizar el Espíritu Santo y por eso, el alma del ecumenismo es la oración.

Papa Juan Pablo II empleo la expresión Ecumenismo de los Mártires. La unidad anhelada está perfectamente realizada en el Cielo dónde están juntos todos los que testimoniaron su fe en Jesucristo con el martirio.

Son hermanos nuestros, su sangre es Sangre de Cristo. No podemos caer en la ambigüedad de lo que es políticamente correcto en el mundo actual, en nuestro mundo occidental.

J.S.

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