Cuando un cristiano árabe nombra a Dios dice Allah.

En la Misa que presidió el Papa Francisco en el estadio de la ciudad de Amán, en Jordania, al inicio de su peregrinación por Tierra Santa, la oración del Padre Nuestro fue rezada en árabe, el idioma local. Dios es llamado en árabe Allah.

Mucho antes de la llegada del Islam la palabra usada en árabe por los cristianos de esa lengua para nombrar a Dios era Allah.

Así se comprueba en manuscritos de los primeros siglos con traducciones al árabe de textos bíblicos  y, sobre todo, por el uso del árabe en la liturgia cristiana primitiva  que perdura hasta nuestros días.

Cuando un cristiano actual de lengua árabe (palestino, jordano, sirio, egipcio, iraquí, etc.) se dirige a Dios usa la palabra Allah. Lo podéis comprobar en la estampa de San Josemaría en árabe que preside esta entrada.

J.S.

Cuánto valemos

Nuestra valía no depende de lo que hagamos, de nuestras conquistas o, en definitiva, de nuestro rendimiento, sino del Amor que nos ha creado, que ha soñado con nosotros y nos ha afirmado «antes de la fundación del mundo» (Ef 1, 4)
(Del libro de Lucas Buch, Esperanza y castidad).

Aprender a ser mejores padres

He conocido a profesores y profesoras que, al final de una jornada agotadora, lamentan el poco interés y la poca dedicación que tienen algunos padres en la verdadera educación de sus hijos. Nosotros no sustituimos a la familia, somos simplemente colaboradores, pero a veces nos dejan el trabajo que deberían hacer ellos y tenemos que bregar con casos de chicos y chicas jóvenes problemáticos, carentes de afecto familiar o sin la guía necesaria para afrontar la vida.

En muchos casos la formación tiene que empezar por los padres. Ser buen padre o buena madre no son cualidades infusas. También ellos tienen que aprender, especialmente en los primeros años de matrimonio y contar con la experiencia de expertos en educación y de otras familias.

Hay que asumir con responsabilidad la tarea de formar hombres y mujeres cabales para el futuro. Esa tarea tiene más importancia que el trabajo profesional u otra ocupación secundaria

                                                                                                                                                            J.S.

Dudas de fe…son casi normales

Quién dice que nunca tiene dudas de fe quizá no tenga fe, aunque él piense que la tiene. O también, es probable, que tenga una fe infantil.

Creer es asentir y aceptar lo que Dios nos revela por la autoridad del mismo Dios.
Las dudas de fe se dan cuándo encontramos una contradicción entre lo que entendemos y lo que nos propone la fe. Ceder ante una tentación contra la fe es fiarse más de lo que uno entiende que de lo que Dios nos dice. En cambio, la tentación es superada cuando decimos: Señor, qué grande eres que no te entiendo, pero lo encuentro lógico porque si te entendiera no serías Dios sino una criatura como yo. Me fío totalmente de Ti y espero que me ayudes a entenderte un poquito más.

Cuando las tentaciones contra la fe son respondidas con esta actitud humilde, renovando nuestra confianza absoluta en el Señor, acudiendo a la oración y al estudio más profundo del Magisterio de la Iglesia, entonces, crece la inteligencia de la fe, con lo cual nuestra fe se hace más madura. Sabemos mejor lo que creemos.

¿Puede una persona desenamorarse de otra?

Se atribuyen a los procesos de enamoramiento y desenamoramiento una especie de fatalidad inevitable, algo que cuando ocurre en una persona respecto a otra tiene tal fuerza que anula la inteligencia y la voluntad, una situación emocional ante la cual no existe la libertad. Con este prejuicio antropológico se tiende a justificar mucha de las rupturas matrimoniales y muchas decisiones adulterinas.

La madurez humana supone un sano equilibrio entre la razón, la voluntad y la afectividad. La falta de equilibrio entre estas dimensiones de la personalidad puedes llevar a grandes fracasos lo largo de toda la vida. Esta comprobado que una persona carente de sentimientos, de afectos o de emociones normales tiene una tara importante para conseguir una vida lograda, aunque esté dotado de una gran inteligencia o de una voluntad de hierro. Pero también una persona incapaz de orientar, prevenir y moderar su vida emocional será presa de un sentimentalismo que en momentos críticos después de llevar a decisiones disparatadas, a perder el control de sí mismo.

Los clásicos veían en las cuatro virtudes cardinales cómo el eje de la madurez humana: la prudencia la justicia la fortaleza y la templanza. La experiencia cristiana asumido esas virtudes y las ha integrado en un nivel más alto: el de la imitación de Jesucristo

J.S

El buen uso de Internet y las nuevas tecnologías

Se ha dicho que, al leer un libro, de un modo pausado inteligente, el lector entabla un diálogo silencioso con el autor. En ese diálogo íntimo, por parte del lector, hay momentos de admiración o de rechazo, pausas reflexivas, el interés por releer algo que ha impresionado mucho o algo que recuerda otro pasaje de otro libro o una situación vivida y casi olvidada. Se ha dicho también que un libro bueno es aquel que empiezas a leerlo y no puedes dejarlo hasta el final.

En todo esto hay mucho de verdad, pero donde realmente es posible un diálogo es en el caso de la escritura digital. No hace mucho glosaba yo, en una entrada de este blog, la letra de una canción que atribuí a los Beatles. Un lector benévolo me comunico, en un WhatsApp, que esa canción no era de los Beatles sino de John Lennon. Tardé dos o tres minutos en cambiar la frase equivocada y actualizar de nuevo el blog. Si el texto estuviera impreso sobre papel tendría que hacer una nueva edición para subsanar el error o bien dejarlo escrito tal como estaba, con el error incluido.

Esto es solo una apreciación muy concreta sobre el mundo digital, del cual soy bastante entusiasta, aunque también reconozco sus límites y admiro el esfuerzo qué hacen los editores modernos para hacer atractiva la letra impresa sobre papel, incluidas fotos, imágenes, diseño, etc.

No es una exageración decir que Internet nos ha cambiado la vida. Ha cambiado la vida del mundo entero. Lo ha cambiado en muchos aspectos para bien y, en otros, no pocos, para mal. Lo mismo que la máquina de vapor, el uso de la electricidad o los vehículos de motor.

Sobre los efectos negativos de Internet hay una abundante literatura de padres, psicólogos pedagogos, pastores de la Iglesia y demás observadores sociales. El mal uso o el abuso de las nuevas tecnologías. puede resultar algo realmente desastroso. Pero también quiero señalar algo sobre lo cual se escribe poco. Me refiero al desconocimiento o el rechazo inconsciente en el uso de ese medio en un sector de edad avanzada. Con ello aumenta el aislamiento y la desconexión con el mundo real de muchos ancianos.

Actualmente están conviviendo en la sociedad la llamada generación milenarista (personas que han nacido con una pantalla y un teclado) con otra generación que, en un momento dado, rechazó todo innovación en su modo de vivir y son ahora incapaces de manejar ningún dispositivo digital. Recuerdo la frase solemne de un anciano culto que no se recataba de decir en público que había hecho voto de no usar nunca una tecla.

Internet y las nuevas tecnologías, bien usados, son buenos. Permiten encontrar información buscada, mejorar la formación con webs adecuadas, comunicarse con los demás, recuperar amistades antiguas, difundir mensajes positivos, evangelizar, disfrutar con imágenes bellas. Además, la oferta de cursos de iniciación por parte de administraciones pública es abundante.

Un buen ejemplo de cuanto he dicho es el blog Descargas espirituales. Lo estás leyendo ahora mismo y puedes enviar tus propios comentarios.

J.S.