Antes de concluir el siglo I de la era cristiana, en la Iglesia local de Corinto hubo un conflicto interno, en cuestiones no de fe,  que enfrentó al clero en dos bandos. Esta situación dolorosa y anómala afectaba a la incipiente Iglesia en su conjunto. Era entonces Obispo de Roma San Clemente, el primer sucesor de San Pedro. El Papa escribió una Carta a los Corintios que todavía se lee con veneración en la Iglesia griega. En esa Carta el Papa exhorta a reconstruir la unidad dentro de aquella comunidad. Más que medidas disciplinarias el Obispo de Roma les señala el camino para llegar a un acuerdo. Son consejos llenos de sabiduría, de sentido común, válidos para todas las situaciones semejantes. Cito a continuación un párrafo de la Carta, leído ayer en el Oficio de Lecturas.

Ahora bien, ¿hay entre vosotros alguien que sea generoso? ¿Alguien que sea compasivo? ¿Hay alguno que se sienta lleno de caridad? Pues diga: «Si por mi causa vino sedición, contienda y escisiones, yo me retiro y me voy donde queráis, y estoy pronto a cumplir lo que la comunidad ordenare, con tal de que el rebaño de Cristo se mantenga en paz con sus ancianos establecidos». El que hiciere se adquirirá una grande gloria en Cristo, y todo lugar lo recibirá, pues del Señor es la tierra y cuanto la llena. Así han obrado y así seguirán obrando quienes han llevado un comportamiento digno de Dios, del cual no cabe jamás arrepentirse (San Clemente I,  Corintios 50-55).

La unidad es un gran bien en cualquier comunidad, sea grande o pequeña, sea civil o religiosa. No es sinónimo de uniformidad. Se trata de un concepto distinto, que requiere virtudes personales de humildad, de realismo, de sentido común por parte de todos.

Me ha sorprendido gratamente la coincidencia en estos últimos días del texto de San Clemente leído en la Liturgia de las Horas y un detalle citado en la web del Opus Dei en su crónica del viaje pastoral del Prelado a tierras portuguesas. Transcribo a continuación.

Uno de los asistentes preguntó a Mons. Ocáriz cómo conseguir que los inevitables desacuerdos que surgen en el gobierno de proyectos apostólicos de interés social no afecten la unidad y cohesión entre las personas. El prelado recordó que la unidad es un gran bien, es señal de vida y conviene pedirla, ya que se trata de un don de Dios. Además, dio un consejo de san Josemaría: “Más vale llegar a una solución aceptable que cometer una falta de caridad”, una expresión que recuerda al refrán popular: “Lo mejor es enemigo de lo bueno”. En las situaciones en que se ponga en riesgo la caridad, concluyó, lo mejor es ceder (web del Opus Dei).

J.S.

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