Quejarse por quejarse no sirve para nada; más bien tiene un efecto negativo porque predispone el ánimo al pesimismo, a la tristeza y a la desesperanza. Esto no quiere decir que debamos de ser necios ante la realidad.

La capacidad analítica es una buena cualidad. Nos conviene saber lo que ocurre a nuestro alrededor, estar al tanto de análisis hechos por personas con buen criterio sobre la marcha de la sociedad.

Cerrar los ojos ante el mal es cosa de necios. Sería adoptar la supuesta actitud de las avestruces que esconden la cabeza cuando ven un peligro. El Papa Francisco por ejemplo está haciendo un análisis de la sociedad actual muy agudo y certero. Se ha pronunciado claramente sobre la ideología del género, sobre el capitalismo sin ética, sobre la ecología humana, etc. Una buena dosis de capacidad crítica es especialmente necesaria cuando se impone en la sociedad lo que Benedicto XVI llamaba la dictadura del relativismo.

Sin embargo, la percepción de la realidad no es completa si se prescinde de la fe, que ve mucho más lejos y con más profundidad.  En realidad, lo que está ocurriendo en el mundo es lo que Jesús ilustra de un modo sencillo en la parábola del trigo y la cizaña.

Los cristianos estamos llamados e invitados a ser alegres y optimistas en medio de todos los avatares de la historia humana. El final de la historia será el triunfo definitivo de Cristo y la cizaña entera recogida en un haz será entregada al fuego.

Esto no supone una invitación a la pasividad, al pasotismo, al mirar continuamente hacia otro lado. Hemos de sembrar, y sembrar mucho,  la buena simiente del Evangelio en nuestra vida y en nuestro entorno. Hemos de estar despiertos y no dormidos para que el enemigo no siembre cizaña en nuestra inteligencia o en nuestro corazón.

Pero siempre, como dice San Pablo,  alegres con esperanza, sin perder el tiempo en lamentaciones inútiles.

J.S.

Anuncios