Al menos una parte del Rosario cada día.

El rezo del Santo Rosario es oración y contemplación.  Aprendemos a contemplar a Cristo, en todos sus Misterios, con la mirada y el corazón de su Madre. La Iglesia recomienda vivamente el rezo del Rosario en familia. Tiene una fuerza extraordinaria ante el Cielo el rezo de padres e hijos unidos, por lo menos una vez por semana. Con ocasión de  viajes largos es muy fácil rezarlo en el coche. También lo puedes rezar por la calle, en un autobús, en cualquier situación si te puedes recoger diez minutos, con un rosario de cuentas o con un rosario de dedo.

Una buena guía para rezarlo bien la encuentras en https://librosopusdei.com/opus-dei-el-rezo-del-santo-rosario

Si tienes sugerencias para los demás lectores (aplicaciones de móvil, páginas web, etc.) no dudes en poner un Comentario a esta entrada.

 

 

Leer el Evangelio todos los días

La ignorancia de la Escritura es ignorancia de Cristo porque toda ella, desde el primer versículo del Génesis hasta el último del Apocalipsis, hablan de Jesucristo. A Jesús le conocemos especialmente leyendo los cuatro Evangelios, que son como el cogollo de toda la Biblia.

Sólamente una vez se ama en la vida

Ahora no le queda otro remedio al cristiano que vivir contra corriente. Y es que parece que estamos en tiempos agustinianos. Por todas partes se nota la decadencia, la mediocridad, los desencantos políticos. Sobra el ruino y falta silencio. La vida de fe, hoy, está aplatanada, y son pocas las referencias de santidad. Sin embargo, ese gran torrente invisible, que es la gracia sigue actuando, igual que lo hizo en Agustín, “el hombre para todas las estaciones”, como lo llamó Newman.

La primera historia de San Agustín corresponde a su nitidez, en la escuela, donde se siente atraído por los hermosos versos de Virgilio, que cuentan la historia legendaria de los amores de Dido, la reina de Cartago, y de Eneas, el valeroso héroe troyano, nobilísimo antecesor de los romanos. Y el mismo nos cuenta su experiencia de la escuela: “Bueno es el que me hizo, y Él es mi bien y en Él salto de gozo, por todos los bienes que integraban mi niñez. En lo que yo entonces pecaba era en buscar no en Él, sino en sus criaturas, en mí mismo y en los demás, los deleites, las honras, las verdades. Por eso, luego, caía yo en tristezas, confusiones y errores”.

La segunda historia es agridulce y tiene lugar en Cartago, cuando Agustín tenía veinte años: “¿Y que era lo que yo anhelaba, sino amar y ser amado? Pero yo no guardaba la debida mesura de alma a alma, puesto que es luminosa la senda de la amistad. Al contrario, exhalaba el vaho de la niebla, la fangosa concupiscencia de la carne, y el hervidero de mi pubertad. Y con ella mi corazón se nublaba y oscurecía, hasta el punto de no discernir la serenidad del amor puro, de lo tenebroso de la sensualidad. También en Cartago descubre el Hortensio de Cicerón, actualmente perdido, y leyendo al orador romano, se decide a buscar la verdad: “Este libro contiene una exhortación a la filosofía. Y debo afirmar que semejante libro cambió mis afectos y mudó mis suplicas hacia ti, Señor, e hizo que mis votos y deseos fueran otros. De repente apareció a mis ojos vil toda esperanza vana, y con increíble ardor de mi corazón suspiraba por la inmortalidad de la sabiduría, y comencé a levantarme para volver a ti”.

La tercera historia es el último combate consigo mismo, que tuvo lugar en Milán, después de haber escuchado al obispo Ambrosio, y de contar con el ejemplo de sus amigos, Alipio y Simpliciano, exclamaba: “Señor, ¿hasta cuándo? ¡Mañana, siempre mañana! Y ¿Por que no muy pronto? ¿Por que no terminar ahora mismo con todas mis faltas? Así¬ hablaba yo, y lloraba amargamente con el corazón partido de dolor. Y he aquí¬ que oigo una voz de la casa vecina, voz de niño o de niña, no lo sé, que decía y repetía muchas veces, con cadencia de canto: Toma y lee, Toma y lee.

Al final, la gracia se abría paso en su vida, y por eso escribió algo que demuestra la grandeza de su corazón: Señor, nos has creado para ti, y nuestro corazón estará siempre inquieto hasta que descanse en ti”. Y es que también se puede cantar a este santo aquella vieja canción: “Solamente una vez se ama en la vida”.

(Por Manuel Robles, con ocasión de la fiesta de San Agustín).

Seguir a la persona de Jesucristo

El prelado del Opus Dei visitó la residencia universitaria International College Campus Muengersdorf, donde mantuvo un encuentro con un grupo de mujeres del Opus Dei. «Sea cual sea nuestro lugar en el mundo como cristianos —les dijo el prelado—, no podemos olvidar que no somos partidarios de una ideología, sino seguidores de una persona concreta, Jesucristo».

Papa: Con autoridad magisterial afirmó que la reforma litúrgica es irreversible

El Papa ha hecho una excepción a la pausa de agosto para participar en este congreso sobre Liturgia organizado por obispos italianos.

La ocasión es importante porque el Papa ha aclarado que hablaría con “autoridad magisterial”.

Francisco ha repasado el proceso de reforma litúrgica de la Iglesia católica, que comenzó en 1903 y concluyó 60 años después durante el Concilio Vaticano II. El resultado fue un nuevo rito de la Misa que aceptaba el uso de otros idiomas además del latín, e incluía una mayor variedad de lecturas bíblicas.

El Papa ha dicho ahora “con autoridad magisterial” que esa reforma es “irreversible” y ha pedido que se eviten “aplicaciones parciales o prácticas que la desfiguren”.

FRANCISCO
“La tarea de promover y custodiar la liturgia, según el Derecho, es de la Sede Apostólica y de los obispos diocesanos, en cuya responsabilidad y autoridad confío en este momento”.

La reforma litúrgica realizada en 1963 por el Papa Pablo VI hizo posible una mayor participación de los católicos en la Misa.

Pero algunos sectores la aplicaron de un modo abusivo y superficial que parecía banalizar la Eucaristía. Esos abusos llevaron a muchos a mirar con sospechas a la reforma.

Ahora que han pasado los años y se han calmado las aguas, el Papa pide a todas las sensibilidades que apliquen realmente la reforma, y que profundicen en su significado.