La escuela del silencio

Para escuchar hay que saber guardar silencio. Si, de  entrada,  interrumpes a quien te habla, no sabrás lo que quiere decirte. La mejor escuela de silencio para escuchar a Dios es la oración del corazón. Habla, Señor, que tu siervo escucha.

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Todos con Pedro perseveraban en la oración

Se están produciendo en el mundo entero grandes cambios que nos afectan a nivel social, familiar, personal. Para los cristianos nuestra identidad más profunda se llama Jesucristo y nuestra pertenencia más radical se llama Iglesia Católica. Y dentro de la Iglesia está el Sucesor de Pedro. Se necesita la luz del Espíritu Santo para que todos acertemos a discernir entre lo  que es esencial y lo que es accidental, discernimiento que es difícil en muchos casos. Permanezcamos siempre unidos en la oración.

El Camino de Santiago cambia las personas

Muchos comienzan a andar por el Camino de Santiago con motivaciones iniciales muy diversas. Al final, todos confiesan que algo ha cambiado en sus vidas. Tántas horas de caminar en medio de una naturaleza espléndida, con muchos ratos de esfuerzo y soledad, te lleva a hacerte preguntas básicas de la vida: cuál  es mi camino, qué hecho hasta ahora, hacia dónde voy.

La cultura del encuentro

Jesús nos enseña a no odiar a nadie, a no ser antinada. Ni siquiera en la Cruz reaccionó contra sus verdugos (Padre, perdónales porque no saben lo que hacen). Lo más lejano a la conducta cristiana es la negación del otro. Por eso el Papa Francisco habla siempre de diálogo, de tender puentes, de la cultura del encuentro.

Cristo y los jóvenes

«¿Qué buscáis?», dice el Señor a Juan y Andrés, la primera vez que se acercan a Él (Jn 1,38). La juventud es un momento de búsqueda; es la época en que cobra protagonismo la pregunta “¿quién quiero ser?”, que para un cristiano significa también: “¿quién estoy llamado a ser?”. Es la pregunta por la vocación: sobre cómo corresponder al amor de Dios. «Y tú, querido joven, querida joven, –escribía el Papa Francisco hace dos años– ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza? ¿Eres consciente del valor que tienes ante Dios que por amor te ha dado todo?». (Carta del Prelado, 24.9.2017).

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