El afán desmedido de evasión es señal de que lo cotidiano resulta insoportable. Evadirse es huir de la realidad para sumergirse en un mundo ficticio.  En cambio, cuando se busca a Dios -y se le encuentra- en las ocupaciones diarias, en la vida familiar, en el trabajo, en la piedad, entonces, no se busca la evasión sino el descanso necesario, compartido, gozoso. Eso es el domingo cristiano.

Anuncios