No hay dos iguales

soldados de terracota
El Papa Francisco, el pasado miércoles, daba su vuelta tradicional por la Plaza de San Pedro durante la Audiencia general. Desde el papamóvil saludaba a una multitud de unos 40 mil fieles.

En un momento dado, un peregrino entusiasta, gritó al Papa “¡Eres único!” y el Santo Padre, con una campechanía y un buen humor excelentes le contestó, señalándole con el dedo: “Tu también eres único, no hay dos iguales a ti”.

Maravillosa realidad que me recordó las muchas veces que el Papa Juan Pablo II mencionó en varios documentos suyos “el carácter único e irrepetible de cada persona humana”,

También recordé el comentario de un cardiocirujano prestigioso que me dijo, hace unos días, “no hay dos corazones iguales”. Si eso ocurre en lo material, cuánto más se da esa variedad entre las personas.

Todos participamos de una naturaleza humana común y todos estamos llamados a ser cabalmente cristianos, es decir santos, en una Iglesia común. Una sola fe, un solo bautismo. un solo Señor. Pero no hemos sido creados en serie, no somos clones. Cada uno tiene su camino dentro del Camino, cada uno tiene sus talentos en lo humano y en lo sobrenatural. Cada uno será juzgado por el Señor conforme a sus obras.

Tenemos que mejorar en la comprensión y en la aceptación de los demás, en la comprensión de la legítima variedad y en el propio control de una tendencia inconfesada que fácilmente lleva a juzgar a los demás con ligereza, a querer imponer nuestros criterios, a pretender “un pensamiento único” que sea el nuestro.

Jorge Salinas

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La fe en Cristo y la adhesión a las ideologías

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Yo soy la Verdad, dice Jesús. En la persona de Cristo, Palabra de Dios encarnada,  se encierra toda la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Por eso pienso que en la medida en que la fe en Cristo (la fe cristiana) se hace realidad en la mente, en el corazón y en la vida de una persona, en esa misma medida, disminuye el sometimiento a cualquier ideología, hasta que llega a liberarse de todas por Amor a Dios y al hombre. Basta leer la vida de grandes santos, misioneros, fundadores, mártires. Ideologías activas son hoy el capitalismo sin límite, la técnica sin ética,y la pretendida metafísica de los pueblos y las naciones. Ser, católico de cabeza y corazón, vivir en Cristo, es hoy el mayor grado de libertad y la mejor calidad de vida.

Jorge Salinas

Anunciar a Cristo

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Leer bien un documento incluye estudiar las notas a pie de página.  Si procedemos de esta manera con el magisterio del Papa Francisco descubrimos en seguida su continuidad con los Papas anteriores.  Desde el Concilio Vaticano II hay una línea de fondo permanente, cada vez más clara,  más explícita y , a la vez, inclusiva e integradora de aspectos anteriormente dispersos.

Me he fijado hoy en el n. 110 de la Exhortación Evangelii Gaudium:  110. Después de tomar en cuenta algunos desafíos de la realidad actual, quiero recordar ahora la tarea que nos apremia en cualquier época y lugar, porque no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor», y sin que exista un «primado de la proclamación de Jesucristo en cualquier actividad de evangelización».[77] Recogiendo las inquietudes de los Obispos asiáticos, Juan Pablo II expresó que, si la Iglesia «debe cumplir su destino providencial, la evangelización, como predicación alegre, paciente y progresiva de la muerte y resurrección salvífica de Jesucristo, debe ser vuestra prioridad absoluta».[78] Esto vale para todos.

Las citas están tomadas de la Exhortación apostólica Ecclesia in Asia, de Juan Pablo II (año 1999). Y, si nos retrotraemos en el tiempo, estas ideas centrales están en la Evangelii nuntiandi de Pablo VI. Son líneas maestras de actuación que necesitan calar más hondo en la conciencia apostólica de todos los bautizados.

El futuro Beato Álvaro del Portillo, en una Carta pastoral de 1991 resumía con pocas palabras la fuente de toda evangelización: Cristo glorioso, con el Padre y con el Espíritu Santo, mora en los que lo aman y desea manifestarse al mundo a través de quienes lo aman. Por eso, si de veras fomentamos en nuestras almas esta chifladura por Dios, necesariamente se revelará a los demás en nuestras vidas y lograremos que otros muchos se acerquen a Él, y lo amen y lo glorifiquen (citado por José Antonio Loarte, en el libro ORAR).

Jorge Salinas

Las Llagas de Cristo y el perdón, en el Papa Francisco

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El Papa Francisco tiene una especial devoción hacia las Llagas de Cristo. Lo ha manifestado en muchas ocasiones. Es un tema recurrente. En las llagas del prójimo sufriente “tocamos” las Llagas del Señor. A través de las divinas Llagas nos llega el perdón. “Tocamos” la Humanidad de Cristo “tocando” sus Llagas. Especialmente han impresionado a la sensibilidad del mundo entero las imágenes del Papa besando el rostro desfigurado de dos enfermos.

Recientemente, el Obispo de Roma, ha comentado el pasaje de Jn 29, 22-23, en el que Jesús Resucitado muestra sus Llagas a los Apóstoles reunidos en el Cenáculo. El Señor sopla hacia ellos y les comunica el Espíritu Santo y el poder de perdonar los pecados. El Papa Francisco comenta la  escena con estas palabras: El aliento de Jesús, acompañado de las palabras con las que comunica el Espíritu, indica la transmisión de la vida, la nueva vida regenerada por el perdón. Pero antes de hacer el gesto de soplar y donar el Espíritu, Jesús muestra sus heridas en sus manos y el costado: estas heridas representan el precio de nuestra salvación. El Espíritu Santo nos trae el perdón de Dios “pasando por “las llagas de Jesús. Estas llagas que Él ha querido conservar.

Las Llagas de Cristo conservadas en su Humanidad gloriosa, en el Cielo, fueron ya consideradas en sus enseñanzas por Juan Pablo II y por Benedicto XVI.  Santo Tomás de Aquino se planteó si una imperfección como son las heridas de un cuerpo podrían darse en el Cuerpo glorioso de Cristo y contestó que la gloria había transformado las huellas de su Pasión en “gemas”, joyas de resplandeciente belleza.

Estas llagas que Él ha querido conservar. También en este tiempo, en el cielo, Él muestra al Padre las heridas con las que nos ha redimido. Y por la fuerza de estas llagas son perdonados nuestros pecados. Así que Jesús dio su vida por nuestra paz, por nuestra alegría, por la gracia de nuestra alma, para el perdón de nuestros pecados. Y esto es muy bonito, mirar a Jesús así.

¿Quién puede tener miedo a un Perdonador que nos ha amado y nos ama tánto?

Jorge Salinas

Francisco, a examen (José María Gil Tamayo)

artículo publicado en La Razón por el autor antes de ser nombrado Secretario General de la Conferencia Episcopal Española. Por su interés lo reproduzco en este blog

José María Gil Tamayo -. Consultor del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales.

Hablando de información religiosa con un gran maestro de periodistas, que cubrió hace medio siglo las sesiones del Vaticano II, me contaba una anécdota que presenció en la Plaza de San Pedro, cuando el cardenal Ottaviani anunciaba el 21 de junio de 1963 el nombre del nuevo Papa en la persona del cardenal Montini, que tomaba el nombre de Pablo VI: una persona de porte distinguido mostraba sin pudor su desagrado con la elección repitiendo a voces mientras se retiraba de la plaza: «Venti anni di pazienza!!!». Al menos esta persona se daba a sí misma el plazo de dos décadas para vivir en silencio su disconformidad con Pablo VI. Al fin y al cabo el elegido era el nuevo Vicario de Cristo. Hoy, en cambio, y en contraste con la gran aceptación popular del Papa Francisco por parte de los católicos y de la opinión pública mundial, está apareciendo una forma de contestación y desafecto al Papa más o menos discreta en lo exterior, pero muy activa en los medios digitales, especialmente de corte tradicionalista y conservadores, como «Il Foglio» de Giuliano Ferrara, y «Chiesa» y «Settimo Cielo» de Sandro Magister, por citar sólo algunos italianos de amplia difusión en ámbitos eclesiásticos, que después son amplificados en otros españoles. En ellos se da espacio, en aras de la ortodoxia doctrinal y litúrgica y en nombre de la Tradición –¡más papistas que el Papa!–, a una abierta descalificación del Romano Pontífice.

En los mencionados sitios, autores como Alessando Gnochi y Mario Palmero someten al Papa Francisco a un duro examen doctrinal. Otro tanto hacen con sus directrices pastorales y gestos, queriendo destacar que la riqueza que para el común de los católicos supone la originalidad del estilo de cada nuevo Obispo de Roma, para ellos no es más en este caso del Papa latinoamericano que ruptura con sus predecesores en la Sede de Pedro y descamino en la singladura dos veces milenaria de la Iglesia, de la que ellos, por lo que parece, poseen en exclusiva la carta de navegación. Por otro lado, olvidando el genuino sentido eclesial del diálogo con el mundo de hoy y del ejercicio prioritario de la caridad evangélica que realiza el Papa Bergoglio, otras formas de contestación, situadas sobre todo en el ámbito norteamericano, difunden la falsa acusación al Santo Padre de haber abandonado la prioridad de la defensa de la vida humana y del matrimonio y la familia, así como de postergar la batalla cultural contra el secularismo y plegarse al relativismo, al primar en la acción pastoral la cercanía a los más necesitados, saliendo la Iglesia de sí a las antiguas y nuevas «periferias» del desvalimiento humano. Para estos grupos, no es tanto la reforma de la Curia Romana lo que les preocupa –éste es un asunto más de eclesiásticos–, sino que les «escandaliza» las nuevas formas comunicativas que de manera tan eficaz utiliza el Papa Francisco en su misión evangelizadora con la espontaneidad de sus discursos y homilías, así como las entrevistas concedidas a la «Civiltà Cattolica» o a Eugenio Scalfari, fundador del diario «La Repubblica», donde expone, de forma directa y coloquial, al gran público su parecer sobre la Iglesia y su misión en el mundo de hoy.

En el extremo opuesto a las contestaciones apuntadas se asiste también a sospechosas alabanzas de selectivas intervenciones y gestos del Papa Francisco. Las realizan, entre otros, desde conocidas posturas de disidencia progresista con los pontificados anteriores, grupos afines al sacerdote austriaco Helmut Schüller o al teólogo Hans Küng. Esta corriente, también difundida en los medios afines, considera que con este pontificado ha llegado la hora de la alternancia a los 35 años anteriores del gobierno eclesial, como si en la Iglesia funcionara una dialéctica política, y ahora toca conseguir toda una serie de reivindicaciones de ruptura, entre las que destaca el sacerdocio femenino, abolición del celibato sacerdotal, la liberalización de la moral sexual de la Iglesia, etc.

En el fondo, estas posiciones reseñadas no son más que exponentes de «tentaciones» de ideologización del mensaje evangélico (reduccionismo socializante, psicologismo y propuestas gnósticas y pelagianas), de funcionarismo y de clericalismo, que entorpecen la misión de la Iglesia y contra las que ponía expresamente en guardia el Papa Francisco en Brasil, en su discurso a los obispos responsables del CELAM, al señalar que «la opción por la misionariedad del discípulo será tentada. Es importante saber por dónde va el mal espíritu para ayudarnos en el discernimiento. No se trata de salir a cazar demonios, sino simplemente de lucidez y astucia evangélica». Gracias al Espíritu Santo que le asiste, al Papa Francisco no le faltan ni una ni la otra, además de un magnífico sentido común y un inmenso amor a Cristo y a la Iglesia, a los que se une una gran humanidad que se muestra –como no podía ser de otra manera en un Pastor de la Iglesia– en un apasionado amor a los más pobres y desvalidos. Además, como confesaba san Ambrosio en una frase que se ha hecho célebre para hablar del Papado: «Ubi Petrus ibi Ecclesia» (Donde está Pedro allí está la Iglesia). Ahora Francisco es Pedro. A los creyentes esto nos basta.

Papa Francisco aconseja la medicina espiritual “Misericordina”

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El Papa Francisco ha puesto en escena algo divertido y, al mismo tiempo, conmovedor.  En su intervención dominical en el rezo del Ángelus, ayer domingo 17 de noviembre, recomendó una nueva medicina para el corazón del hombre , la “Misericordina” y anunció su distribución entre los miles de fieles que ocupaban la Plaza de San Pedro. Efectivamente, un nutrido grupo de voluntarios distribuyeron 20.000 cajitas, con formato muy semejante al de muchos fármacos, pero con un contenido  sorprendente: un pequeño rosario y las instrucciones para rezar “La Coronilla de la Divina Misericordia”, una devoción cada vez más extendida que introdujo Santa Faustina Kolwalska.

Hay algo de juego infantil,  de travesura pastoral, en este modo de fomentar la invocación a la Divina Misericordia, que en palabras del Beato Juan Pablo II  “es la única esperanza del mundo”.

El Papa Francisco, ciertamente dotado de carismas especiales, con una gran libertad y sencillez, está reconduciendo al Pueblo de Dios hacia  actitudes  esenciales.  Delante de un Dios que nos ama y nos busca, que está empeñado en salvar al mundo,  la única postura posible es reconocer nuestros pecados e invocar su infinita capacidad de perdón: ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

Ésta es la oración más antigua de todas las plegarias dirigidas a Jesús: Kyrie eleison (en griego): Señor, ten piedad (en español).  En todas las misas la recitamos tres veces, en el comienzo de la celebración eucarística.

La devoción que, por inspiración divina, introdujo en la Iglesia Santa Faustina Kowalska va en esa línea. En esa misma dirección ahondó Juan Pablo II elevando a los altares a su paisana Faustina e instituyendo el Domingo de la Divina Misericordia. En esa dirección fue Benedicto XVI y, ahora,  continúa el Papa Francisco.

Invocar  la Divina Misericordia es el máximo tributo a la verdad.  Reconocemos ante Dios nuestra indigencia, pedimos perdón de nuestros pecados y nos abandonamos  llenos de confianza al amor que nos tiene.

J. S.