Pedro que vivió con el Señor y fue testigo del Resucitado, se maravilla al ver la fe y el amor a Jesucristo de  las primeras comunidades cristianas: “A él no lo habéis visto, y lo amáis; en él creéis ahora, aunque no lo veis; y os regocijaréis con un gozo inefable y radiante, al recibir el fruto de vuestra fe, la salud de vuestras almas (1 Pe 1, 6-9)”.

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